El Teletexto, ese injustamente olvidado precursor de Internet


Teletexto

 

En ‘Spoiler’, cuando todo parece perdido, escuchamos a nuestros dos héroes -o antihéroes, según se mire- decir “pon el teletexto, eso nunca falla”. Esta frase tan simple resume las virtudes de un servicio que nos permitía (permite) desde consultar la parrilla televisiva, leer noticias, revisar la primitiva o averiguar el resultado de nuestro equipo favorito hasta poner un anuncio de contactos o disfrutar de subtítulos, pasando por la siempre exitosa página del horóscopo. Esto lo convierte en el precursor de algo que parece siempre estuvo ahí, la red de redes, pero con un delicioso pixelado que muchos echan de menos.

Tres simples números bastaban para acceder a todo un mundo digital. De repente, la caja tonta se hacía un poco menos tonta, siempre que tuviésemos la paciencia necesaria para esperar a que la página deseada se cargase. En pocos años, de tener que esperar a que avanzase el contador unidad a unidad, pasamos a la carga instantánea, todo un avance. Casi como el salto de la conexión telefónica a la fibra, oiga.

La llegada de Internet mató a la estrella del teletext, pero no consiguió que abandonase nuestros corazones. Es evidente que cuando esperamos que finalice una descarga con la mirada fija en la ventana de progreso estamos rememorando de forma inconsciente una época en la que la información no costaba dinero, pero sí tiempo -sí, es evidente; esto no admite ningún tipo de debate-. Así que recuerda, compañero nostálgico: cuando todo falle y se te caiga la conexión, siempre puedes recurrir a ese fiel aliado que tenías olvidado, ese canal de transmisión de información que nos hace viajar al pasado, tu amigo y vecino el teletexto, para viajar en el tiempo.